lunes, 8 de marzo de 2010

JUAN JOSE MEZA


Entre la glorias que pasaron por el club no se puede olvidar a Juan Jose Meza , para los memoriosos les pido que cuenten , para los mas chicos les diré que En la mañana argentina del 7 de setiembre de 1979, el equipo conducido por César Luis Menotti derrotó 3-1 a la Unión Soviética .y se quedó con el título en el 1er. Campeonato Mundial Sub 20 de FIFA. Antes habían goleado en primera rueda a Indonesia 5 a 0, a Yugoslavia 1 a 0 y a Polonia 4 a 1; en cuartos de final a Argelia 5 a 0 y en semis a Uruguay 2 a 0.
Fue campeón juvenil con la selección de 1979 , jugando todos los partidos del mundial


De pibe se mezclaba en picados en “La Bombilla”. Lo buscaron de Central Norte y a los 16 años ya jugaba en Primera. Su padre, un correntino que fue delantero en el ex club Obras Sanitarias, le transfirió en los genes el gusto por este deporte. La consideración general le llegó cuando integró, en 1979, el equipo nacional juvenil que se llevó el Mundial de Japón, con César Menotti como director técnico y con un Maradona que empezaba a asombrar al planeta. Osvaldo Crosta lo vio en los “cuervos” y se lo presentó al “Flaco”, que en la primera práctica le dio el “OK”. “Jugué todos los partidos. Siempre entraba en el segundo tiempo y me movía como’8’. El técnico nos dijo al terminar el torneo: ‘ustedes aún no pueden medir lo que han conseguido’”, asegura. Meza recorrió clubes y países. Se calzó las camisetas de Argentinos Juniors, de Instituto, de Vélez, de Racing. Jugó en Colombia, en Ecuador, y hasta anduvo por el fútbol nipón, como futbolista y como orientador. Tuvo como entrenadores a Basile, a Marchetta, a Yudica, a Willington, a Cayetano Rodríguez (“le dio identidad a Instituto”), entre otros varios. “Todos me dejaron algo. Lo que es la vida... Yo, que soy menottista, llegué a Japón por recomendación de Bilardo. Allí estuve un año y decidí regresar. Ellos son serios y trabajadores, pero no compartía esa mezcla europea-sudamericana que querían implementar ”, apunta.Aunque su perfil siempre fue el de “media punta”, su zurda (y su derecha también) se encargó de levantar redes. Así, fue goleador en tierra “cafetera”, en el Preolímpico de Moscú, y después con los de Liniers. “En 1985, en Vélez, alcancé mi mejor nivel. Se nos escapó el Nacional por un pelo”, recuerda.Entiende que el fútbol tiene pocas alegrías, que hay que controlar la vanidad y que en las rachas pesadas no hay que caerse. Señala la importancia de los captadores de talentos. Cree en las “pequeñas sociedades” de las que hablaba Menotti. “César te tira cosas y uno tiene que decidir. El le puso el sello a una manera de moverse, adentro y afuera de la cancha”, subraya. No pudo ser campeón con Vélez ni jugar en Boca, sus asignaturas pendientes. Se retiró del fútbol a los 31 años, cuando actuaba en Ecuador. “Mi vida nómade no era conveniente para mis hijos”, observa. Hoy está al frente de una cerámica. Considera que Javier Castrilli fue un árbitro que marcó un rumbo (“cuidaba al jugador habilidoso”) y que el futbolista tucumano es el mejor del país (“con preparación y competencia se impone por coraje y picardía”).